Desde hace tiempo comencé mi carrera artística en el teatro. El arte comenzó a devolverme la sensibilidad con la que llegué al mundo, la cual tuve durante mi infancia. Sin embargo hubo un momento, no sé si fue en la adolescencia o en los últimos años de mi niñez, pero me perdí, dejé de sentir el corazón del universo. Me perdí porque la sociedad, las escuelas, la familia, los amigos, en fin, la atmósfera que me rodeaba ejerció tanta presión sobre mí, sobre mi ritmo natural, mi libre fluir con la existencia, diciéndome sutilmente lo que debía de ser, lo que debía de hacer, todo en contra de mi autenticidad, todo en contra del amor a la vida. Quería pintar, bailar, hacer música, actuar, pero esto ninguna escuela me lo ofreció. Hasta que llegué a la edad adulta y tuve un atisbo de conciencia, ví cuán lejos me encontraba de mi esencia. Entonces el teatro! Unos años más tarde observé que no me bastaba tampoco. Comencé a escribir, a pintar, a bailar. Me salí de las escuelas que solamente absorbían mi tiempo y mi creatividad, inclusive las más reconocidas y de arte. No diré nombres. El sentido del arte lo encontré en la frase de Alejandro Jodorowsky, un íntimo maestro; "El arte que no sana, no es arte". Entonces me interesó el chamanismo, el tarot, todo lo relacionado con el misticismo, la magia de la sanación. Decidí comenzar a sanarme, a hacer terapia. Busqué a los mejores maestros hasta que encontré a Osho y sus Sannyasins. Todo el desarrollo de su terapia se enfoca en disolver el condicionamiento de la sociedad para liberar al ser, el alma. No fue cualquier terapia. Después sentí la necesidad de convertirme en un sannyasin, cambiarme el nombre también. Soltar el pasado, integrarlo.Cada día somos más. Hemos, todos, decidido renunciar a la mediocridad para ir en búsqueda de la verdad. No hay ninguna secta, ninguna tradición. Lo más cercano a esto sería el arte. Ningún sannyasin forma parte de algo, somos solos y entendemos el sentido último de la amistad. Reafirmamos la vida frente a todo. Estamos por todas partes del mundo comunicando este mensaje. Un mensaje de esperanza, comprensión y éxtasis en y por el mundo. Un mensaje religioso sin dogmas ni esclavitud, solamente la experencia basada en la belleza de la vida.
Así ha sido, día tras día crezco y voy regresando a ser yo mismo, el niño que siempre fui, sereno, tranquilo, inocente y confiado, amoroso, compasivo, puro, juguetón y creativo.
Ha sido un camino de muchas lágrimas risas y enojos. De grandes crisis.
Y al fin después de algún tiempo conocí la meditación. Sin la terapia no hubiera sido posible, sin el arte tampoco. Por eso hay que hacer terapia, para conocer la meditación. Para hacerte cada día más sensible y aprender a ir hacia adentro.
La terapia es hoy día para mí, el máximo arte, ya que la humanidad necesita sanar. Decidí mezclar todas las enseñanzas aprendidas y compartirle al mundo este mensaje de amor.
No me considero un terapeuta, más bien intento facilitar un proceso buscando entregarle al mundo mi más profundo regalo; la espiritualidad.
Como que ya me dieron ganas.
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